#YoMeQuedoEnHarlem

En estos días extraños, ¡quédate con nosotros en Harlem! Vamos a llenar nuestra cabeza de swing, con la riquísima historia de su música, su cultura y sus bailes.

Compartiremos anécdotas y datos sobre los lugares y las personas que vieron nacer todo esto que nos apasiona, y que nos han hecho el regalo de hacerlo llegar hasta nuestros días.

Hoy para empezar, vamos a dar un paseo por el epicentro de todo: la mítica sala de baile Savoy.

El pasado 12 de Marzo se cumplieron 94 años desde que la mítica sala de baile Savoy abriera sus puertas en el 596 de la Avenida Lennox, entre las calles 140 y 141 del neoyorquino barrio de Harlem.

El Savoy es un lugar de culto para nosotros por muchísimos motivos, el primero de los cuales probablemente es el haber sido el lugar que vio nacer al Lindy Hop. Además, el «Home of Happy Feet» (el «hogar de los pies felices», sobrenombre dado habitualmente al Savoy) era el punto de encuentro habitual para el baile social, entrenamiento y competición de artistas y pioneros de la talla de George «Shorty» Snowden, «Twistmouth» George, y posteriormente, los conocidísimos Whitey’s Lindy Hoppers, entre los que se cuentan nuestros admirados Frankie Manning y Norma Miller.

La «house band» (banda residente) del Savoy fue durante muchísimos años la de Chick Webb (nada menos). Para que nos hagamos una idea de la importancia de esta formación, aparte de los temazos que nos ha dejado para la posteridad, fue la banda donde una chica llamada Ella Fitzgerald comenzó su carrera.

Por supuesto, todos los grandes de la época tocaron en el Savoy (grandes es una palabra que se queda tan pequeña ante la lista de nombres que vienen…): Fletcher Henderson, Count Basie, Duke Ellington, Benny Goodman… Ahí es nada.Y no tocaban solos en cada velada, no. El Savoy fue escenario de batallas de bandas realmente memorables, entre las que sobresale la de la banda de Chick Webb contra la de Benny Goodman de Mayo de 1937. Ya hablaremos otro día de esto, que lo merece sin duda.

En plena época de segregación racial en EEUU, el Savoy siempre mantuvo una política de no discriminación. Allí se daban cita bailarines de toda etnia, clase y condición de manera indistinta, frente a recintos en los que estaba vetado el acceso a afroamericanos, como el también conocidísimo Cotton Club.

Por todo esto, el Savoy fue importante, y lo sigue siendo en el recuerdo a día de hoy. Desgraciadamente el edificio ya no existe, pero hay una placa que lo conmemora en donde estaba situado, que se ha convertido en lugar obligado de visita y foto para todos los lindyhoppers que visitan la Gran Manzana. ¿Tienes alguna? ¡Compártela con nosotros! Sea este nuestro pequeño homenaje al Savoy, World’s Finest Ballroom, the Home of Happy Feet.

Compartir en:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on pinterest
Pinterest
Share on linkedin
LinkedIn