Cuando Norma conoció el Savoy

Norma Miller (1919-2019) fue miembro prominente de los Whitey’s Lindy Hoppers junto a Frankie Manning, Anne Johnson, Al Minns, Willamae Ricker y Leon James, entre otros (ahí es nada). Fue, además, hasta sus últimos días, el corazón de la escena internacional del swing.

Memorables son sus clases, charlas y actuaciones por todo el mundo, hasta el último de sus casi 100 años de vida. Invitada habitual en Herräng Dance Camp, el que escribe tuvo la oportunidad de conocerla en persona y de vivir de primera mano el torrente de energía que irradiaba esta mujer.

Norma era, además, pura historia del swing.

Sus memorias, recientemente traducidas al español (La Reina del Swing – Ediciones Carena), son un auténtico tesoro y una delicia de leer. En la academia tenéis una copia (eso sí, de la versión original en inglés, que está súper chula porque es como si la estuvieras oyendo hablar, con su manera de expresarse y demás), y podéis disfrutarla cuando queráis.

Una de las miles de anécdotas que se cuentan en ella es la primera ocasión en la que Norma entró al Savoy. Cuenta que, teniendo unos 14 años, y siendo por lo tanto aún menor de edad, le estaba prohibida la entrada. Norma vivía en la calle de detrás del Savoy, y desde su infancia ya se había despertado en ella la curiosidad por esa música que  venía del otro lado de la calle, sentada en el alfeizar de su ventana junto a su hermana. Norma soñaba con poder bailar en el Savoy, y junto a otros niños, jugaba delante de la puerta de la sala, bailando e imitando a los adultos que pasaban por allí. Un buen día, uno de los bailarines más importantes del momento, «Twistmouth» George (¡reconocido junto a su pareja Edith Matthews como los «inventores» del twist o swivels!), antes de entrar en el Savoy, reparó en Norma, que estaba bailando en la calle. Le llamaron la atención su manera de moverese, su ritmo, y su desparpajo. Y sin más dilación, la cogió y se la llevó para dentro para que le acompañara como su pareja en la gran competición de los sábados del Savoy que tendría lugar esa misma noche. Norma alucinó, pero con su carácter y su arranque, no lo dudó. De la mano de «Twismouth» George, Norma cruzó por fin las puertas del Savoy, subió sus míticas escaleras, y quedó fascinada por sus colores azules y dorados, por su enorme extensión (la sala ocupaba una manzana entera de lado a lado) y por el swing que se respiraba allí y que lo llenaba todo.

Norma bailó esa noche con «Twistmouth» George, y quedaron primeros en la competición.

Y esto es sólo una pincelada de la leyenda que fue Norma Miller.

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Norma nos dejó el pasado Mayo de 2019, a pocos meses de cumplir los 100 años. Pero su recuerdo, su energía, y su manera de apasionarse con el swing nos acompañarán siempre. ¡Gracias Norma!

Más historia, muy pronto en el próximo #YoMeQuedoEnHarlem. ¡Hasta entonces, seguid bailando!

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